Meditación para atraer dinero con fines espirituales

Esta meditación reflexiva pretende hacernos conscientes de la energía espiritual que yace detrás del dinero. En el mundo actual, podemos facilmente olvidar que el dinero es en realidad un vehículo para ayudar a la humanidad a colaborar con el Plan Divino. Es un medio, no un fin en sí mismo. Cuando pensamos en el dinero en términos espirituales, podemos cambiar el foco de la atención desde su forma concreta a las energías más sutiles veladas por la forma. Esta energía da impulso a los asuntos cotidianos en que el dinero es un simple agente mediador.

Al hacer esta meditación, se nos incita a pasar de un enfoque centrado en los apegos, las limitaciones y el miedo a un enfoque concentrado en el intercambio, la abundancia y la alegría. Se nos pide «tomar lo ahorrado durante la semana y dedicarlo al trabajo, y durante la meditación presentarlo a Aquel que Viene y Su Jerarquía». Esto puede parecer extraño en una época de transacciones por Internet y de banca electrónica, pero encierra una gran verdad: que el dinero que pasa por nuestras manos puede ser limpiado de sus vínculos con la personalidad y ofrecido para servir objetivos espirituales, cualesquiera que éstos sean para cada uno de nosotros.

Algunas personas se preguntan cómo proceder para dirigir el dinero con fines espirituales a más de un grupo espiritual a la vez (Etapa II, punto 3). Hay diferentes maneras de hacer esto, ya sea nombrando a los grupos en voz alta o mentalmente, visualizándolos en sus actividades o imaginando los diferentes grupos a los que se está afiliado en los vértices de una estrella luminosa, etc.

Vale añadir una palabra de precaución: es mejor evitar reflexionar sobre las tres primeras preguntas con una actitud de autocrítica. La idea detrás de las preguntas no es la de someternos a un interrogatorio, sino más bien una invitación a reflexionar sobre nuestra capacidad de llevar nuestra atención de forma dinámica hacia la distribución del dinero, la abundancia y la alegría.

Finalmente, hemos incluido aquí una versión de la meditación que utiliza un lenguaje inclusivo y ecuménico. Si desea ver la versión original dada por El Tibetano, ésta se encuentra en el libro El Discipulado en la Nueva Era, II, de Alice Bailey.

Meditación sobre la reaparición de Aquel que Viene

Esta meditación reflexiva pretende ayudarnos a colaborar con una de las principales tareas del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo (NGSM) y de la humanidad en su conjunto: la preparación para la reaparición de Aquel que Viene. Este Gran Ser viene denominado con diferentes nombres en muchas de las principales religiones del mundo (el Cristo, el Señor Maitreya, el Imam Mahdi, el Mesías, el Maestro del Mundo). Él encarna el principio espiritual del Amor y la Sabiduría, un principio que también se encuentra en el corazón de cada Alma, a nivel atómico o cósmico.

En este sentido, Aquel que Viene ha estado siempre con nosotros y siempre lo estará. Esta meditación es una invocación y una afirmación de nuestra voluntad por vivir de acuerdo a ese principio («No tengo otra intención en mi vida») y de nuestra voluntad que vamos a hacer todo lo posible para manifestar esa realidad en la Tierra.

Además, esta meditación nos invita a ver el principio del Amor actuando en el mundo, a través de la visualización de la Luz interna brillando en todas las personas del mundo, en los miembros del NGSM y en las personas espiritualmente orientadas. Cuando enfocamos nuestra atención en el principio del Amor en nosotros y en los demás, y cuando vivimos de consecuencia, este principio es espontáneamente vivificado, se fomentan las rectas relaciones humanas y se curan las divisiones externas. Como ha dicho El Tibetano, una vez que se ha aprendido a memoria la esencia de la secuencia, es mejor olvidar las etapas y «ser impulsado por la síntesis de su forma».

Finalmente, hemos incluido aquí una versión de la meditación que utiliza un lenguaje inclusivo y ecuménico. Si desea ver la versión original dada por El Tibetano, ésta se encuentra en el libro El Discipulado en la Nueva Era, II, de Alice Bailey.