Para ayudarle en su reflexión sobre la Gran Invocación, hemos proporcionado a continuación tanto la versión tradicional (a la izquierda) como la versión adaptada ofrecida por Lucis Trust, la cual usa un lenguaje más inclusivo (a la derecha). Para más información sobre el lenguaje de género en los mantras, consulte nuestra página Temas Actuales para Reflexionar: Mantras.

Versión Tradicional
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios
Que afluya luz a las mentes de los hombres.
Que la Luz descienda a la Tierra.
Versión Adaptada
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios
Que afluya luz a las mentes humanas.
Que la Luz descienda a la Tierra.

Luz

Estas líneas se refieren a la Mente de Dios como punto focal de luz divina. En el ser humano, esta luz es vehiculizada a través de la energía del Alma, transformándose en comprensión que afluye como iluminación.

Cuando invocamos la Mente de Dios y decimos: «Que afluya luz a las mentes humanas. Que la Luz descienda a la Tierra», estamos expresando una de las grandes necesidades de la humanidad. El tema de la luz está presente en todas las escrituras del mundo, la iluminación es la meta de la educación, y la luz es el más grande anhelo del espíritu humano.

La luz es una energía activa, así como también lo es el amor. Por lo tanto, cuando utilizamos esta Invocación, podemos esperar que se sucedan cambios poderosos en nuestras actitudes. Nuestras intenciones, nuestro carácter y nuestros objetivos cambiarán y serán orientados espiritualmente. Se nos ha enseñado que «así como las personas piensan en sus corazones, así ellas son». Efectivamente, es la orientación constante de nuestra mente hacia la luz que atrae la luz.

La iluminación de la mente es una de las principales necesidades del mundo, para que podamos ver las cosas como son, para que nuestras acciones se guíen por motivos justos y para que podamos construir rectas relaciones humanas. Si las energías de la luz y del amor pueden tener un alcance cada vez más amplio, el ideal de rectas relaciones humanas se convertirá en una realidad siempre mayor en todos los pueblos y se reflejará en todos los asuntos nacionales, públicos y comunitarios. La historia de la humanidad es la historia de sus ideas, y ahora más que nunca una nueva visión debe ser aplicada a la vida humana. Las dos ideas más necesarias hoy son las de luz sobre nuestro camino y la de buena voluntad en acción.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios
Que afluya amor a los corazones de los hombres.
Que Cristo retorne a la Tierra.
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios
Afluya Amor a los corazones humanos.
Que Aquel que viene retorne a la Tierra.

Amor

Aquí el Corazón de Dios es evocado como la fuente del amor.

El amor es una energía que inunda los corazones humanos, tocándolos con la calidad de la comprensión amorosa, una combinación de amor e inteligencia.

La humanidad necesita la comprensión amorosa como base de las rectas relaciones humanas. Es esta necesidad la que trajo el Cristo a nosotros y, sea que creamos que Él era un ser humano que vivió divinamente o un ser divino que vivió humanamente, todos estamos de acuerdo en que, en su vida, Él es la expresión más perfecta de la cualidad divina de la comprensión amorosa.

El regreso de Cristo significa, entre otras cosas, el desarrollo activo de la conciencia crística en la humanidad. Él hará florecer en el mundo la potencia y la energía característica del amor intuitivo. El resultado de la distribución de esta energía de amor será doble:

La energía activa de la comprensión amorosa movilizará una enorme reacción contra la potencia del odio. El odiar, ser separatista o discriminar llegarán a ser considerados como los únicos «pecados», ya que se reconocerá que todo lo que llamamos pecado tiene su raíz en la conciencia antisocial.

Un sinnúmero de personas en todos los países trabajarán juntos en grupos que establecerán rectas relaciones humanas. Este número será tan grande que formará la fuerza más grande e influyente del mundo.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres,
El propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades humanas,

El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Voluntad

El gran universo, del cual formamos parte, está impregnado de vida eterna. La ciencia está descubriendo rápidamente las leyes inmutables que rigen el cosmos, y de estos avances, así como a través de nuestra propia fe, entendemos que el universo debe tender hacia el conseguimiento de un fin.

Al observar el desarrollo de los fenómenos naturales, podemos ver que obedecen la ley de la evolución y del progreso. Esto se percibe en las estrellas así como en el insecto, en el átomo y en el corazón: se trata de la misma tendencia hacia un objetivo o fin que está velado detrás de la forma. Cuando nos demos cuenta del poder de esta ley universal, será claro para nosotros cuánto inútil es oponerse a ella, y se descubrirá que la verdadera causa de tantos fracasos consiste en la violación inconsciente de esta ley. Entonces surgirá en nosotros espontáneamente el impulso a obedecerla y adherir a ella.

Aquí nos encontramos con una paradoja. La voluntad individual, que se somete libremente a la Voluntad Universal y que se fusiona con ella, no se aniquila o disminuye. En el instante en el que parece morir o dejar de existir, en realidad se eleva, transfigurándose.

Cuando el individuo se ha comprometido a cooperar en armonía con la voluntad que rige el universo, entonces el universo parece cooperar y poner a nuestra disposición sus propias energías infinitas. En las leyes que rigen el cosmos, descubrimos las leyes que deben ser la base de nuestras propias acciones. Así, la voluntad, al devenir buena voluntad, al mismo tiempo se hace fuerte y sabia, y de la síntesis completa de estas tres cualidades aparece la voluntad transcendental, en armonía con la Voluntad de Dios.

Nuestra relación con la voluntad divina parece haber entrado en una nueva fase en la actualidad. En el pasado, en términos generales, la actitud de la humanidad se caracterizaba principalmente por la sumisión, el rendirse a la voluntad inescrutable de Dios. Hoy, una nueva actitud por parte de la humanidad se está volviendo posible, un sentimiento consciente de la Voluntad divina. La aceptación a esta voluntad incluye hoy una buena parte de comprensión inteligente, y esto marca un gran paso adelante. Así, desde una sumisión pasiva a esa voluntad, la humanidad puede ahora pasar a una aceptación positiva e incluso una cooperación alegre con el «centro donde se conoce la Voluntad de Dios».

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres
Que se realice el Plan de Amor y de Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.
Desde el centro que llamamos la raza humana
Que se realice el Plan de Amor y Luz
Y selle la puerta donde se halla el mal.

El Plan

Después de haber invocado los tres aspectos, o potencias, de la Luz, el Amor, y Voluntad, ahora reconocemos el anclaje de todos estos poderes en la humanidad misma, «el centro que llamamos la raza humana».

En la humanidad se encuentra la promesa del futuro y su oportunidad.

En ella pueden todas las cualidades divinas expresarse y realizarse.

En la raza humana puede nacer realmente el Amor, la Inteligencia actuar correctamente y la Voluntad de Dios demostrarse como buena voluntad en acción.

Solo a través de la humanidad, con la ayuda del Espíritu divino en cada uno de nosotros, se puede sellar la «puerta donde se halla el mal». Esta es una manera simbólica de expresar la idea que los malos propósitos deben desaparecer. No hay ningún lugar en particular donde se halle el mal. La «puerta donde se halla el mal» es mantenida abierta por la humanidad misma a través de nuestros deseos egoístas, odios y la separatividad, por nuestra codicia y por las barreras raciales y nacionales, la competitividad y el amor al poder y a la crueldad.

A medida que la buena voluntad y la luz afluyan a nuestras mentes y corazones, la energía de las cualidades negativas que mantiene abierta la «puerta del mal» dará lugar a rectas relaciones humanas, a la determinación de crear un mundo mejor y más pacífico, y a la expresión en todo el mundo de la voluntad-al-bien. A medida que estas energías y cualidades tomen el lugar de las energías negativas del pasado, «la puerta donde se halla el mal» se cerrará lentamente por el simple peso de la opinión pública y, al mismo tiempo, la puerta al mundo de la realidad espiritual se abrirá ante nosotros.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra.

Habiendo invocado la Luz, el Amor y la Voluntad o el Propósito de Dios, la última línea de la Gran Invocación nos habla de nuestra relación con estos tres aspectos de la vida divina, y también de la profunda responsabilidad que tiene la humanidad de implementar la propagación del Amor y de la Luz en la Tierra con el fin de llevar a cabo el plan de Dios. Por lo tanto se indica una clave de lectura para el futuro: que el día llegará cuando la idea y la intención original de Dios ya no serán obstaculizadas por el libre albedrío humano y por el mal. El Propósito divino será, a través de nuestros corazones y aspiraciones, consumado.