Drops of Life by Nicholas Roerich Articles

Plenilunio de Tauro: La Perennidad de lo Divino
por Dra. Luisa Romero de Johnston

El Universo es creaci�n, la actividad de una entidad magn�fica, que crea de S� misma y en S� misma; actividad constante de la que participa todo lo que existe.

En alg�n instante, m�gico, maravilloso, una potencialidad suprema inici� la acci�n que hab�a de manifestarse en algo que, a falta de mejor nombre, es llamado Universo.

Ese primer impulso, se vi� multiplicado al infinito en un alarde de potencialidad inagotable, que se plasma en permanente creaci�n y de la cual participa todo lo creado. As� un �tomo, un hombre o una galaxia, crean constantemente, cada uno en su esfera de acci�n, manteniendo la presencia y la continuidad de la Vida y de acuerdo a la capacidad que le confiere su posici�n en la escala del proceso existencial. De este modo, cada parte contribuye al Todo y, oportunamente, en cumplimiento de la Ley, puede reintegrarse a �l.

La asimilaci�n de estos conceptos nos lleva a comprender el principio b�sico: �Dios � el Creador � est� en todas partes y no existe nada fuera de �l,� e ilumina nuestra reflexi�n sobre la promesa que encierra la nota-clave: �La divinidad del hombre siempre surge triunfante del caos de sus propias creaciones.�

Pero, adem�s, esta nota-clave nos habla de un concepto fundamental sin el cual no puede concebirse lo Eterno, aquello que constantemente Se crea s S� mismo: la condici�n de incorruptibilidad inherente a lo divino. 

Nos habla de la esencia, el �c�digo gen�tico� espiritual, permaneciendo fiel a S� mismo, igual a S� mismo, saliendo inc�lumne de la experiencia de su �inmersi�n� en la materia densa. Lo sutil rescat�ndose de entre el caos de lo opuesto, venciendo el duro paso de su materializaci�n.

Si reflexionamos sobre c�mo puede lo sutil hacerse denso sin perder su propia condici�n, tendremos que concluir reconociendo que �sto solo es posible porque lo denso es una modalidad, una representaci�n � aunque imperfecta � de aquello que se expresa en �l. Lo divino es la Vida que anima todo sin perder su pureza, y as�, al animar a la materia, reserva para S�, Su condici�n inmaterial.

Esta cualidad de pureza, de fidelidad a Su propia esencia, de inmutabilidad que resiste a la diversidad de expresi�n, es la garant�a de que todo retorna al Or�gen, de la reunificaci�n de la diversidad en la Unidad. Por eso, el hombre, como ser �creado a im�gen y semejanza de Dios,� guarda en s� la potencialidad de trascender su estado inferior y alcanzar aquello que le corresponde por herencia y por Ley.

Sin embargo, el proceso entra�a un cont�nuo y grande esfuerzo, pues el hombre est� marcado por las huellas del proceso involutivo, en el cual lo puro-espiritual qued� velado en la forma; y ahora, debe construir el camino de retorno invirtiendo el proceso, creando condiciones de tensi�n ascendente, que propicien estados vibratorios capaces de asimilarse a los prototipos ya existentes, en la l�nea de secuencia evolutiva que la humanidad, como un todo, tiene que seguir para recuperar su estado espiritual original.

Tenemos, pues, a un hijo de Dios, tratando de llegar a ser igual al Padre porque tal es el mandato divino; enfrentado a las limitaciones de su condici�n inferior, inmerso en la obscuridad de su ignorancia, prisionero de su propia peque�ez y v�ctima de condiciones conformadas al paso de eones de acci�n involutiva.

La ca�da del Esp�ritu en la materia, la llamada �materializaci�n de la M�nada,� ha ocultado la Chispa Divina en la obscuridad de lo denso. As�, ocurre un debilitamiento del impacto estimulante que la M�nada ejerce en Su esfera de acci�n. Lo espiritual se limita a S� mismo en la materia, con lo que disminuye la capacidad de acci�n y relaci�n de todo lo que recibe Su influencia: el Alma � lo espiritual encarnado � se ve envuelta en formas inferiores que comprometen Su capacidad de autoidentificaci�n y distorcionan su funci�n iluminadora, y la materia es circunscrita a su entorno, incapaz de llegar a lo sutil.

El hombre es presa del enga�o de lo irreal, de aquello que la ciencia esot�rica denomina Ilusi�n-Espejismo-Maya, y que es el resultado de la actividad de toda expresi�n imperfecta del Yo superior, tr�tese del hombre mismo, de su entorno o del mundo en el que se mueve. Dolorosamente, �sto incluye tambi�n al Alma en la etapa inicial de Su experiencia como Hijo de Dios encarnado, porque la encarnaci�n distorciona fuertemente las cualidades divinas del Alma en S�, aunque tambi�n sea el medio por el cual la materia puede ser redimida y el Alma enriquecida en la experiencia.

En estas condiciones, el ser humano � ineludiblemente y en obediencia a la Ley � un creador, solo es capaz de expresar valores inferiores con su carga de ignorancia, incapacidad e inexperiencia. Crea en form equivocada, en tono menor, de manera inarm�nica contraria al Orden y a las Leyes; produce resultados desastrosos y pone en marcha efectos que se vuelven contra �l.

Pero, sabia es la Ley y grande la bondad divina; por multiples mecanismos de est�mulo que juegan dentro del orden divino y entre los cuales el dolor tiene lugar prominente, se va produciendo una revisi�n, una rectificaci�n de conducta que, paulatinamente, ha de conducir hacia el camino de retorno.

Bien dice la ense�anza esot�rica citada por el Maestro Djwhal Khul en su libro Espejismo (Edit. Fund. Lucis, Buenos Aires, p. 155): �el hombre s�lo llega a ser consciente de la Realidad cuando ha destru�do lo que �l mismo ha creado.�

Amarga experiencia:
ver que es s�lo polvo aquella mentira por la que luchamos 

Desandar lo andado
por no haber llegado a lugar alguno
 

Hallar s�lo sombras
tras las falsas puertas que ilusos abrimos � 

M�s, ahora ha llegado el momento de la rectificaci�n, el tiempo de callar y de saber escuchar. Ocurre, entonces, un reordenamiento de los componentes fundamentales: la forma � la personalidad � trabajando para su espiritualizaci�n se va haciendo sensible al llamado del Alma, y Esta va recuperando Su potencialidad espiritual con la consiguiente influencia en el ser inferior. Se crea una relaci�n arm�nica, fluida, que paulatinamente facilita el regreso a la condici�n original, la aproximaci�n y retorno a la condici�n espiritual pura de la cual se hab�a partido.

En todo este proceso � involuci�n-evoluci�n, sutilizaci�n-condensaci�n, sonido y silencio � nunca ha dejado de existir la continuidad del �hilo dorado� de la esencia espiritual. Ella es la potencialidad detr�s de todo, la Vida que anima el proceso de ida y retorno, la intenci�n detr�s de la expression y la abstracci�n. La garant�a de que nuestro viaje a trav�s del Cosmos � por muy dilatado, dif�cil o complicado que nos parezca � tendr� el justo final que corresponde a todo hijo de Dios.



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