Drops of Life by Nicholas Roerich Articles

Escorpio: La Casa del Disc�pulo
by Luisa Romero de Johnston

Escorpio es el signo zodiacal considerado con justicia �Rector del Sendero del Discipulado,� pues constituye un importante campo de trabajo para el hombre, quien, gracias a las profundas experiencias all� proporcionadas, alcanza la liberaci�n y se convierte en disc�pulo. 

Escorpio marca el llamado �punto de reversi�n de la rueda,� ese cambio profundo que ocurre en la conciencia humana cuando el Alma es o�da y obedecida, y se emprende la b�squeda espiritual por propia voluntad. 

La categor�a rectora de Escorpio est� suficientemente sustentada en la influencia estimulante que ejerce sobre los seres humanos, en su posici�n en la Cruz Fija del zod�aco (Acuario-Leo, Tauro-Escorpio), la Cruz del Disc�pulo, y en las estrechas relaciones que guarda con Sirio, estrella de especial significaci�n para nuestro planeta, por la influencia que su Jerarqu�a tiene sobre la nuestra y por el papel que juega en la trasmisi�n de las energ�as cr�sticas desde el Cosmos hacia nuestro mundo. Adem�s, como signo triple, tiene marcada influencia en la triple personalidad; de all� que las pruebas que �l proporciona conduzcan a la muerte de �sta y a la aparici�n del verdadero hombre. 

Cuando en la ciencia esot�rica se habla de influencias, es conveniente ubicarse en el exacto significado de tal t�rmino y no divagar en el nebuloso mundo de lo especulativo y fantasioso. Las influencias c�smicas y, en este caso, las zodiacales, deben ser comprendidas como la acci�n de unos centros energ�ticos sobre otros centros o cuerpos y sobre todo lo que los rodea. 

Es fundamental, tambi�n, reconocer el papel de tales influencias c�smicas en la constituci�n del �Mundo de las Relaciones,� al cual pertenece todo lo que existe y en el cual se hacen posibles las expansiones de cada conciencia individual para construir, finalmente, la Conciencia Una. 

Comprender y penetrar ese mundo de relaciones, expandir la propia conciencia para poder pertenecer a ese nuevo mundo, es la tarea que tiene por delante todo disc�pulo. El ha comenzado a comprender las reglas que gobiernan el sendero hacia Dios. Se sabe un eslab�n, un punto vibratorio que conjuga, la attracci�n que libera los mundos inferiores y la respuesta a la potente energ�a sint�tica de los mundos superiores. Es un punto de tensi�n dentro de la tensi�n magn�fica del proceso evolutivo. Gracias a esa tensi�n, el hombre vislumbra el secreto del proceso creador y se convierte en disc�pulo. 

Es importante analizar el significado y alcance de este concepto, pues tensi�n debe ser comprendida no como un estado de constante angustia o revuelta interior, como un remolino de emociones y pasiones o el estremecimiento constante de los centros energ�ticos inferiores, sino como un elevado estado de alerta din�mica dirigido por el coraz�n y la cabeza. En �l, la estrepitosa desarmon�a del componente kama-man�sico � esa mezcla desordenada de deseo y mente inferior � debe dar paso a un estado vibratorio de potencia dirigible que va a culminar en la apertura hacia una posici�n de mayor significado espiritual. La tensi�n es el preludio de la entrada en nuevos �mbitos de vida. Tensi�n es la capacidad impulsora que puede poner en marcha un pensamiento, un hecho, un efecto, un mundo. La suprema tensi�n se hace sentir continuamente desde los mundos s�tiles, como un est�mulo elevado que incide sobre toda la manifestaci�n. 

El disc�pulo debe ser un conocedor de estos mecanismos que ata�en al mundo de las energ�as, porque parte de su obligaci�n es poseer ese conocimiento para que pueda emplearlo en beneficio y cumplimiento del divino Plan. Debe aprender a emplear sabiamente la correcta secuencia de tan importante mecanismo: acumulaci�n � tensi�n � liberaci�n creadora, seguida de la natural pausa o descanso (intervalo propio de toda actividad en el Universo). As�, en el manejo correcto de lo cotidiano y en el acertado empleo de la tensi�n, va paulatinamente mejorando su estado y logrando el ascenso graduado en las etapas que le corresponde cumplir. 

El disc�pulo, como trabajador entrenado, puede, tambi�n, crear tensi�n por un ejercicio puro de su peque�a voluntad para tratar de hacerse Alma. Este es un acto autoinducido, no directamente relacionado con lo externo ni dependiente de ello. En un ejercicio de meditaci�n pura, cuando el disc�pulo, procurando abstraerse de toda inherencia de la personalidad, eleva su conciencia hacia los predios del Alma, lo hace mediante la creaci�n de un estado de tensi�n interna capaz de propiciar un encuentro, un contacto de su conciencia inferior con la conciencia egoica � su conciencia central en tanto que alma encarnada. El crea de s� mismo y en s� mismo un estado tensional fino, desprovisto de toda caracter�stica propia de la personalidad; una tensi�n libre de las fuertes caracter�sticas regresivas del componente mental concreto-emocional. M�s bien un estado de afinamiento con el Ego, de enfoque hacia arriba, de llamada; de m�xima atenci�n a la respuesta, de silencio sereno, respetuoso. Una tensi�n espectante, lista a ser liberada en el momento oportuno y propicio del encuentro con Si mismo; el grado de tensi�n propicio para que se produzca el destello, la chispa indicadora de la entrada en una nueva dimensi�n de la conciencia. 

De acuerdo a lo expresado, comprendemos por qu� se nos ense�a que la meditaci�n es un hecho activo, un trabajo mental regido por la mente superior, y no un acto emocional o mucho menos una acci�n hedonista para buscar relajamiento; y por qu� la etapa del silencio en la meditaci�n no ha de verse como una par�lisis de la mente, una pretensi�n del cese de sus funciones, sino un momento de aquietamiento espectante, de atenci�n dirigida a lo supremo, de afinamiento con el Alma, de tensi�n sutil bien dirigida hacia el centro de nuestra conciencia, de nuestro propio Yo. 

Esa es la esencia de una meditaci�n productiva; una meditaci�n donde el meditante penetra en el �mbito de la intuici�n, que es como decir el �mbito de la sabidur�a, cualidad de amor, principio manifestado en Alma, nuestra herencia divina. 

Dentro de la complejidad de funciones que el disc�pulo realiza, hay algo de suma importancia, y es el hecho de que �l llega a ser un conocedor del nuevo mundo en el cual se mueve y trabaja, y en el cual, por lo tanto, act�a concientemente. La medida de su conocimiento es la expresi�n de su posici�n dentro del �mbito jer�rquico al cual ya pertenece y la marca de la trascendencia de su trabajo y servicio en beneficio de sus semejantes. 

En su posici�n el conocimiento es fundamental; porque �l tiene que trascender las limitaciones del acercamiento devocional m�stico propio del componente emocional, para abrirse a las posibilidades ilimitadas de la mente superior. Y �sto unicamente puede hacerlo comprendiendo que el camino hacia esa mente solo es dado al conocedor, y es una empresa cient�fica que se cumple con m�todos cient�ficos dentro de una ciencia de especiales caracter�sticas que es la Ciencia Esot�rica. Esta es la Ciencia de lo Divino, la Ciencia de la Vida, del Mundo de las Energ�as, de las Causas y las Significaciones, la Ciencia de las Ciencias. 

Este concepto, que llega con los vientos de la Nueva Era, debe ser comprendido en su verdadero significado. No como un enfoque r�gidamente intellectual, parcializado hacia un tecnicismo fr�o, irrespetuoso de la esencia espiritual del hombre, sino como la culminaci�n de un proceso de acercamiento a lo divino, que ya ha cumplido su etapa de b�squeda devocional, coloreada por el poderoso componente astral de la personalidad y limitado por la ignorancia y el temor, para entrar en su etapa superior de transferencia, el campo de lo intuicional, cualidad de la Tr�ada Espiritual. 

Por lo tanto, el disc�pulo une en s�, la experiencia del acercamiento m�stico ahora purificado y trasmutado, con el est�mulo del conocimiento que debe transformar en sabidur�a gracias a la luz de su Alma. De esa manera, �l va cumpliendo con la Ley, demostrando en s� los procesos de transferencia, unificaci�n, elevaci�n, que se cumplen en todo lo que existe.



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