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Escorpio: La Casa del Disc�pulo by Luisa Romero de Johnston |
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Escorpio
es el signo zodiacal considerado con justicia �Rector del Sendero del
Discipulado,� pues constituye un importante campo de trabajo para el
hombre, quien, gracias a las profundas experiencias all� proporcionadas,
alcanza la liberaci�n y se convierte en disc�pulo. Escorpio
marca el llamado �punto de reversi�n de la rueda,� ese cambio
profundo que ocurre en la conciencia humana cuando el Alma es o�da y
obedecida, y se emprende la b�squeda espiritual por propia voluntad. La
categor�a rectora de Escorpio est� suficientemente sustentada en la
influencia estimulante que ejerce sobre los seres humanos, en su posici�n
en la Cruz Fija del zod�aco (Acuario-Leo, Tauro-Escorpio), la Cruz del
Disc�pulo, y en las estrechas relaciones que guarda con Sirio, estrella
de especial significaci�n para nuestro planeta, por la influencia que
su Jerarqu�a tiene sobre la nuestra y por el papel que juega en la
trasmisi�n de las energ�as cr�sticas desde el Cosmos hacia nuestro
mundo. Adem�s, como signo triple, tiene marcada influencia en la triple
personalidad; de all� que las pruebas que �l proporciona conduzcan a
la muerte de �sta y a la aparici�n del verdadero hombre. Cuando
en la ciencia esot�rica se habla de influencias, es conveniente
ubicarse en el exacto significado de tal t�rmino y no divagar en el
nebuloso mundo de lo especulativo y fantasioso. Las influencias c�smicas
y, en este caso, las zodiacales, deben ser comprendidas como la acci�n
de unos centros energ�ticos sobre otros centros o cuerpos y sobre todo
lo que los rodea. Es
fundamental, tambi�n, reconocer el papel de tales influencias c�smicas
en la constituci�n del �Mundo de las Relaciones,� al cual pertenece
todo lo que existe y en el cual se hacen posibles las expansiones de
cada conciencia individual para construir, finalmente, la Conciencia Una. Comprender
y penetrar ese mundo de relaciones, expandir la propia conciencia para
poder pertenecer a ese nuevo mundo, es la tarea que tiene por delante
todo disc�pulo. El ha comenzado a comprender las reglas que gobiernan
el sendero hacia Dios. Se sabe un eslab�n, un punto vibratorio que
conjuga, la attracci�n que libera los mundos inferiores y la respuesta
a la potente energ�a sint�tica de los mundos superiores. Es un punto
de tensi�n dentro de la tensi�n magn�fica del proceso evolutivo.
Gracias a esa tensi�n, el hombre vislumbra el secreto del proceso
creador y se convierte en disc�pulo. Es
importante analizar el significado y alcance de este concepto, pues
tensi�n debe ser comprendida no como un estado de constante angustia o
revuelta interior, como un remolino de emociones y pasiones o el
estremecimiento constante de los centros energ�ticos inferiores, sino
como un elevado estado de alerta din�mica dirigido por el coraz�n y la
cabeza. En �l, la estrepitosa desarmon�a del componente kama-man�sico
� esa mezcla desordenada de deseo y mente inferior � debe dar paso a
un estado vibratorio de potencia dirigible que va a culminar en la
apertura hacia una posici�n de mayor significado espiritual. La tensi�n
es el preludio de la entrada en nuevos �mbitos de vida. Tensi�n es la
capacidad impulsora que puede poner en marcha un pensamiento, un hecho,
un efecto, un mundo. La suprema tensi�n se hace sentir continuamente
desde los mundos s�tiles, como un est�mulo elevado que incide sobre
toda la manifestaci�n. El
disc�pulo debe ser un conocedor de estos mecanismos que ata�en al
mundo de las energ�as, porque parte de su obligaci�n es poseer ese
conocimiento para que pueda emplearlo en beneficio y cumplimiento del
divino Plan. Debe aprender a emplear sabiamente la correcta secuencia de
tan importante mecanismo: acumulaci�n � tensi�n � liberaci�n
creadora, seguida de la natural pausa o descanso (intervalo propio de
toda actividad en el Universo). As�, en el manejo correcto de lo
cotidiano y en el acertado empleo de la tensi�n, va paulatinamente
mejorando su estado y logrando el ascenso graduado en las etapas que le
corresponde cumplir. El
disc�pulo, como trabajador entrenado, puede, tambi�n, crear tensi�n
por un ejercicio puro de su peque�a voluntad para tratar de hacerse
Alma. Este es un acto autoinducido, no directamente relacionado con lo
externo ni dependiente de ello. En un ejercicio de meditaci�n pura,
cuando el disc�pulo, procurando abstraerse de toda inherencia de la
personalidad, eleva su conciencia hacia los predios del Alma, lo hace
mediante la creaci�n de un estado de tensi�n interna capaz de
propiciar un encuentro, un contacto de su conciencia inferior con la
conciencia egoica � su conciencia central en tanto que alma encarnada.
El crea de s� mismo y en s� mismo un estado tensional fino,
desprovisto de toda caracter�stica propia de la personalidad; una tensi�n
libre de las fuertes caracter�sticas regresivas del componente mental
concreto-emocional. M�s bien un estado de afinamiento con el Ego, de
enfoque hacia arriba, de llamada; de m�xima atenci�n a la respuesta,
de silencio sereno, respetuoso. Una tensi�n espectante, lista a ser
liberada en el momento oportuno y propicio del encuentro con Si mismo;
el grado de tensi�n propicio para que se produzca el destello, la
chispa indicadora de la entrada en una nueva dimensi�n de la conciencia. De
acuerdo a lo expresado, comprendemos por qu� se nos ense�a que la
meditaci�n es un hecho activo, un trabajo mental regido por la mente
superior, y no un acto emocional o mucho menos una acci�n hedonista
para buscar relajamiento; y por qu� la etapa del silencio en la
meditaci�n no ha de verse como una par�lisis de la mente, una pretensi�n
del cese de sus funciones, sino un momento de aquietamiento espectante,
de atenci�n dirigida a lo supremo, de afinamiento con el Alma, de tensi�n
sutil bien dirigida hacia el centro de nuestra conciencia, de nuestro
propio Yo. Esa
es la esencia de una meditaci�n productiva; una meditaci�n donde el
meditante penetra en el �mbito de la intuici�n, que es como decir el
�mbito de la sabidur�a, cualidad de amor, principio manifestado en
Alma, nuestra herencia divina. Dentro
de la complejidad de funciones que el disc�pulo realiza, hay algo de
suma importancia, y es el hecho de que �l llega a ser un conocedor del
nuevo mundo en el cual se mueve y trabaja, y en el cual, por lo tanto,
act�a concientemente. La medida de su conocimiento es la expresi�n de
su posici�n dentro del �mbito jer�rquico al cual ya pertenece y la
marca de la trascendencia de su trabajo y servicio en beneficio de sus
semejantes. En
su posici�n el conocimiento es fundamental; porque �l tiene que
trascender las limitaciones del acercamiento devocional m�stico propio
del componente emocional, para abrirse a las posibilidades ilimitadas de
la mente superior. Y �sto unicamente puede hacerlo comprendiendo que el
camino hacia esa mente solo es dado al conocedor, y es una empresa cient�fica
que se cumple con m�todos cient�ficos dentro de una ciencia de
especiales caracter�sticas que es la Ciencia Esot�rica. Esta es la
Ciencia de lo Divino, la Ciencia de la Vida, del Mundo de las Energ�as,
de las Causas y las Significaciones, la Ciencia de las Ciencias. Este
concepto, que llega con los vientos de la Nueva Era, debe ser
comprendido en su verdadero significado. No como un enfoque r�gidamente
intellectual, parcializado hacia un tecnicismo fr�o, irrespetuoso de la
esencia espiritual del hombre, sino como la culminaci�n de un proceso
de acercamiento a lo divino, que ya ha cumplido su etapa de b�squeda
devocional, coloreada por el poderoso componente astral de la
personalidad y limitado por la ignorancia y el temor, para entrar en su
etapa superior de transferencia, el campo de lo intuicional, cualidad de
la Tr�ada Espiritual. Por lo tanto, el disc�pulo une en s�, la experiencia del acercamiento m�stico ahora purificado y trasmutado, con el est�mulo del conocimiento que debe transformar en sabidur�a gracias a la luz de su Alma. De esa manera, �l va cumpliendo con la Ley, demostrando en s� los procesos de transferencia, unificaci�n, elevaci�n, que se cumplen en todo lo que existe. |
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