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Servir con el Poder de la Mente by Luisa Romero de Johnston |
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Todo aquel que
desee servir debe ser capaz de comprender que su trabajo llegar� a ser
significativo cuando pueda ser originado en los planos mentales elevados
� el mundo de las energ�as superiores � en los cuales se generan
los procesos creadores traducibles en el mundo cotidiano como
manifestaciones del Plan. Esto es lo que conocemos como �trabajo
subjetivo,� y supone un cambio de polarizaci�n, una orientaci�n
definida del hombre hacia su polo superior, o Ego, para convertirse en
creador conciente, capaz de manipular la materia de acuerdo a las Leyes
y la necesidad. El hombre llega a esta etapa gracias a una vivencia
que lo aproxima a la comprensi�n del Plan, al desarrollo de su propia
capacidad y posibilidades como constructor y al conocimiento del mundo
de las energ�as, pero sobre todo porque reconoce que es parte de un
proceso vital mayor, necesario y universal. El sentido de universalidad califica al verdadero
servidor, y es la se�al de que el foco de su atenci�n ha salido del
peque�o c�rculo del yo personal, para incorporar un entorno creciente
por un proceso de elevaci�n y expansion mental capaz de vencer
cualquier limitaci�n. El hombre se va haciendo universal en la medida
en que vence sus apegos, sus deseos, su egoismo, cuando deja de mirar
hacia su peque�o yo personal y extiende la vista hacia el grupo, la
humanidad, el mundo. Cuando se libera del espejismo de lo temporal y
entra en la conciencia de lo eterno. As�, al ampliar su vision, �l se descubre a s�
mismo como un miembro importante de la familia humana, como una c�lula
en el cuerpo de una entidad mayor y como parte de un sistema de energ�as
que lo condicionan y lo estimulan a ser concientemente participativo. Es
en esta participaci�n conciente, en este formar parte �
voluntariamente � del eterno juego c�smico, donde descansa el trabajo
del verdadero servidor, quien es, realmente, un elemento activo en la
secuencia de la manifestaci�n, en la expression de las leyes y el
cumplimiento del Plan. Aun dentro de nuestra limitad�sima vislumbre del
Plan, percibimos que El encierra la espiritualizaci�n, la
perfectibilidad, el retorno a la pureza de un estado original que nos es
completamente desconocido e imposible de imaginar, pero cuya inmanencia
tiene tal potencialidad, que nos impele a alcanzarlo por encima de
nuestra ignorancia y manifiesta inferioridad. Esa potencialidad es
nuestra fuerza, y a ella acudimos cuando tomamos la decisi�n de hollar
el sendero de retorno con su impl�cita vida de servicio. Hollar el
sendero es, en realidad, una acci�n creadora y participativa, una
expresi�n de esa universalidad de la que antes habl�bamos. Hollar el
sendero es construir el camino hacia la conciencia superior,
convertirnos en esa conciencia, sutilizarnos, iluminarnos. Es construir
una escala para el ascenso hacia el centro del cual hemos emanado. Este es un trabajo real, efectuado por el �Ser
Real,� con elementos reales y prop�sitos reales; un trabajo subjetivo
que ha de gestarse en el mundo de las causas y lo significativo, para
precipitarse luego, como efecto, en el mundo de lo concreto, de lo
objetivo. Como servidores, es necesario que reconozcamos la importancia
fundamental de ese trabajo subjetivo, y con �l, el papel de la mente,
sus mecanismos de acci�n, el manejo de la materia mental, la construcci�n
de formas mentales, su vitalizaci�n, y la manifestaci�n del
pensamiento de manera tal que pueda producirse un efecto acorde con la
Ley y en cumplimiento del Plan. El establecimiento de una �Red de
Luz� para la revitalizaci�n espiritual de la humanidad debe ser visto
de esta manera, como un trabajo real, m�s que como un impulso
aspiracional, como la necesaria construcci�n en materia mental, de un
sistema o red de distribuci�n en energ�as de cualidad vibratoria
superior que, en virtud de sus caracter�sticas intr�nsicas, tiene la
virtud de vitalizar, de estimular hacia estados superiores a aquello que
se encuentra en su entramado. Todo lo que existe descansa en esa red de energ�a, la
energ�a de Agni, la energ�a del Fuego C�smico, manifestada en grados,
en una escala cuyo principio y final no podemos concebir. Por ahora s�lo
tenemos acceso a una �nfima parte de ese espectro, pero la condici�n
en la cual hemos sido creados, encierra la promesa � comprobable �
de que alg�n d�a lograremos la percepci�n total. Cuando penetramos en el mundo sutil con nuestro
trabajo mental, vitalizamos esa red, estimulamos su vibraci�n. De all�
la importancia de que nuestros pensamientos sean puros y nuestra intenci�n
noble, de que actuemos como verdaderos servidores, como elementos de
enlace entre el mundo de las almas y el mundo de los hombres, para que
el est�mulo que provoquemos siga el cauce ascendente que exige la
espiritualizaci�n en su marcha indetenible hacia la Unicidad, hacia la
S�ntesis. The School for Esoteric Studies invites your feedback on this article. Please click on the email address below. |
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