by Nicholas Roerich Articles

Servir con el Poder de la Mente
by Luisa Romero de Johnston

Todo aquel que desee servir debe ser capaz de comprender que su trabajo llegar� a ser significativo cuando pueda ser originado en los planos mentales elevados � el mundo de las energ�as superiores � en los cuales se generan los procesos creadores traducibles en el mundo cotidiano como manifestaciones del Plan. Esto es lo que conocemos como �trabajo subjetivo,� y supone un cambio de polarizaci�n, una orientaci�n definida del hombre hacia su polo superior, o Ego, para convertirse en creador conciente, capaz de manipular la materia de acuerdo a las Leyes y la necesidad. 

El hombre llega a esta etapa gracias a una vivencia que lo aproxima a la comprensi�n del Plan, al desarrollo de su propia capacidad y posibilidades como constructor y al conocimiento del mundo de las energ�as, pero sobre todo porque reconoce que es parte de un proceso vital mayor, necesario y universal.

El sentido de universalidad califica al verdadero servidor, y es la se�al de que el foco de su atenci�n ha salido del peque�o c�rculo del yo personal, para incorporar un entorno creciente por un proceso de elevaci�n y expansion mental capaz de vencer cualquier limitaci�n. El hombre se va haciendo universal en la medida en que vence sus apegos, sus deseos, su egoismo, cuando deja de mirar hacia su peque�o yo personal y extiende la vista hacia el grupo, la humanidad, el mundo. Cuando se libera del espejismo de lo temporal y entra en la conciencia de lo eterno.

As�, al ampliar su vision, �l se descubre a s� mismo como un miembro importante de la familia humana, como una c�lula en el cuerpo de una entidad mayor y como parte de un sistema de energ�as que lo condicionan y lo estimulan a ser concientemente participativo. Es en esta participaci�n conciente, en este formar parte � voluntariamente � del eterno juego c�smico, donde descansa el trabajo del verdadero servidor, quien es, realmente, un elemento activo en la secuencia de la manifestaci�n, en la expression de las leyes y el cumplimiento del Plan.

Aun dentro de nuestra limitad�sima vislumbre del Plan, percibimos que El encierra la espiritualizaci�n, la perfectibilidad, el retorno a la pureza de un estado original que nos es completamente desconocido e imposible de imaginar, pero cuya inmanencia tiene tal potencialidad, que nos impele a alcanzarlo por encima de nuestra ignorancia y manifiesta inferioridad. Esa potencialidad es nuestra fuerza, y a ella acudimos cuando tomamos la decisi�n de hollar el sendero de retorno con su impl�cita vida de servicio. Hollar el sendero es, en realidad, una acci�n creadora y participativa, una expresi�n de esa universalidad de la que antes habl�bamos. Hollar el sendero es construir el camino hacia la conciencia superior, convertirnos en esa conciencia, sutilizarnos, iluminarnos. Es construir una escala para el ascenso hacia el centro del cual hemos emanado.

Este es un trabajo real, efectuado por el �Ser Real,� con elementos reales y prop�sitos reales; un trabajo subjetivo que ha de gestarse en el mundo de las causas y lo significativo, para precipitarse luego, como efecto, en el mundo de lo concreto, de lo objetivo. Como servidores, es necesario que reconozcamos la importancia fundamental de ese trabajo subjetivo, y con �l, el papel de la mente, sus mecanismos de acci�n, el manejo de la materia mental, la construcci�n de formas mentales, su vitalizaci�n, y la manifestaci�n del pensamiento de manera tal que pueda producirse un efecto acorde con la Ley y en cumplimiento del Plan. El establecimiento de una �Red de Luz� para la revitalizaci�n espiritual de la humanidad debe ser visto de esta manera, como un trabajo real, m�s que como un impulso aspiracional, como la necesaria construcci�n en materia mental, de un sistema o red de distribuci�n en energ�as de cualidad vibratoria superior que, en virtud de sus caracter�sticas intr�nsicas, tiene la virtud de vitalizar, de estimular hacia estados superiores a aquello que se encuentra en su entramado.

Todo lo que existe descansa en esa red de energ�a, la energ�a de Agni, la energ�a del Fuego C�smico, manifestada en grados, en una escala cuyo principio y final no podemos concebir. Por ahora s�lo tenemos acceso a una �nfima parte de ese espectro, pero la condici�n en la cual hemos sido creados, encierra la promesa � comprobable � de que alg�n d�a lograremos la percepci�n total.

Cuando penetramos en el mundo sutil con nuestro trabajo mental, vitalizamos esa red, estimulamos su vibraci�n. De all� la importancia de que nuestros pensamientos sean puros y nuestra intenci�n noble, de que actuemos como verdaderos servidores, como elementos de enlace entre el mundo de las almas y el mundo de los hombres, para que el est�mulo que provoquemos siga el cauce ascendente que exige la espiritualizaci�n en su marcha indetenible hacia la Unicidad, hacia la S�ntesis.

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