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Libertad y Libre Albedrio por Dra. Luisa Romero de Johnston |
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�La libertad es el derecho hereditario del g�nero humano, y el libre albedr�o la m�s elevada de las caracter�sticas divinas.� Exteriorizaci�n de la Jerarqu�a. A.A. Bailey. Lucis, Buenos Aires, 1968, p. 357. Somos una concepci�n de la mente omnipotente, plasmaci�n de la voluntad suprema, manifestaci�n de la Vida; parte de una existencia maravillosa concretada en Universo, que refleja su grandiosidad en cada ser, en cada cosa y en la manera c�mo cada creaci�n act�a y se relaciona para producir lo que llamamos mundo. Este mundo se desenvuelve de manera ordenada, gobernado por leyes que muestran su sabidur�a en la manera c�mo se comporta la naturaleza. Por la suprema Ley del Ser la VIDA existe, y en ella cada manifestaci�n es muestra de innumerables leyes cuyo conjunto constituye el llamado Orden Divino. Sin embargo, no debe considerarse esto dentro de la r�gida concepci�n mecanicista newtoniana, sino m�s bien dentro de un juego continuo de fuerzas que se modifican, cambian, de acuerdo al empuje evolutivo y a la capacidad de acci�n de toda entidad conciente. Es, pues, imperativo, reconocer el valor significativo del ser humano por su condici�n de entidad pensante, auto conciente y creadora, y por ser co-part�cipe del juego de la Vida como ente responsable de s� mismo, de su destino y de su mundo. En todo esto, muchos factores importantes han de ser considerados, pero hay dos especialmente significativos porque ata�en, el uno, al �mbito de la acci�n, y el otro, a la manera c�mo �sta se cumple. Tales son, la Libertad y el Libre Albedr�o; l�neas de fuerza que representan dos niveles de la Voluntad divina: La Libertad, que se muestra como posibilidad y est�mulo para la acci�n y el Libre Albedr�o que responde a ese est�mulo por la necesidad de integraci�n, propia de la manifestaci�n c�smica. Desde el momento en el cual experimentamos la individualizaci�n y entramos � como reino de la naturaleza � a ocupar un lugar privilegiado dentro de la cadena evolutiva, hemos disfrutado de la Libertad como un derecho divino y una condici�n indispensable para la acci�n y el movimiento que caracterizan a todo lo creado. La Libertad es la manera c�mo el Padre nos da a entender que, siendo Sus hijos, tenemos derecho a representar Sus cualidades, a reconocerlas como parte de nuestro acervo a desarrollarlas y a expresarlas. Libertad es la garant�a para explorar, indagar, penetrar en los secretos de la Vida y descubrir la esencia inherente a nuestra condici�n divina transform�ndonos, expandi�ndonos y unific�ndonos para volver al lugar de nuestro origen. Libertad es la confianza de Dios en los humanos. Es su manera de decirnos que somos de su estirpe y que a�n en nuestra peque�a condici�n llevamos la promesa de la uni�n final. Es la manera c�mo Dios se asegura de que su creaci�n cumplir� su ineluctable papel en el eterno viaje de la vida. Es un bien inherente a nuestra condici�n humana y a nuestra conciencia, de all� la desesperaci�n cuando se pierde y el coraje con el que se la defiende. La historia de la raza humana est� llena de actos heroicos, de grandes batallas para preservarla y de los nombres de los h�roes que ofrendaron sus vidas en la empresa de asegurarla para sus pueblos. Libre Albedr�o es la capacidad que tenemos, como seres pensantes, auto-concientes, para usar de manera racional la Libertad, para actuar como individualidades, construir nuestro destino, formar a conciencia parte de la Vida; para usar los dones divinos que tenemos en custodia y que por derecho y obligaci�n debemos llegar a hacer nuestros. Es la oportunidad para desarrollar la discriminaci�n, el sentido de responsabilidad, la rectitud de pensamiento, palabra y acci�n. Es el poder para desarrollar y emplear la voluntad, para producir hechos, influir en nuestro mundo, orientar nuestro destino. El Libre Albedr�o es como el tejido de la vida, la Libertad es el �mbito, en el cual hacemos ese tejido. Libre Albedr�o es la posibilidad para revelar nuestra divinidad inherente, para crecer integralmente, hacernos co-creadores y fundirnos en la conciencia c�smica. Es todo eso, pero, ante todo, es la responsabilidad de emplear respetuosa y sabiamente el poder concedido, de conocer el mundo en el cual vivimos y las leyes que lo gobiernan, y el mundo de las causas y el porqu� de sus efectos. Cuando hablamos de Libre Albedr�o han de ser considerados tres puntos importantes: a) el poder y alcance de nuestro accionar, b) sus naturales limitaciones en funci�n de la vigencia de la leyes y el respeto al semejante y al entorno, y c) la acci�n de Karma como expresi�n de la Ley de Causa y Efecto. El primer punto es dependiente de nuestro estado evolutivo, porque a mayor espiritualidad mayor cercan�a a la potencialidad divina; el segundo obedece al patr�n arm�nico de la manifestaci�n que se extiende en un preciso entramado donde cada ser y cada cosa tiene su lugar y su �mbito de expresi�n, y donde, como dijo Don Benito Ju�rez (un gran presidente mexicano): �El respeto al derecho ajeno es la paz�, y el tercero que ata�e a las caracter�sticas de nuestra acci�n, pues, cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras provoca una cadena de efectos que, si bien recaen principalmente en quien los produce, repercuten en su �rea de influencia debido a nuestra condici�n de entidades grupales, planetarias, participantes del gran concierto c�smico. Dentro de este orden de ideas nos atrevemos a pensar que el Libre Albedr�o es, para el ser humano, algo que est� dentro de lo factible, pues, aunque el M� El Tibetano habla de que estamos sujetos a los llamados �actos de Dios�, contra los cuales (el hombre) no tiene defensa, escapatoria ni elecci�n� (1), tambi�n nos da una esperanza cuando dice �la humanidad ha llegado a una etapa de evoluci�n en que la expresi�n del libre albedr�o humano es definidamente posible� (2) Es oportuno, entonces, considerar aqu�, la importancia que tiene para el ser humano y en especial para el disc�pulo, interpretar de manera correcta el significado y alcance de los temas considerados, por el privilegio y compromiso que representan y el car�cter relativo e interrelacionado que los caracterizan. Reconocer con propiedad cu�nto depende de nuestro estado de conciencia, de nuestras facultades y limitaciones, de nuestra madurez espiritual, y cu�nto es potestad del Ser Supremo. Porque nuestra libertad de acci�n depender�, siempre, del sitio que ocupemos en la espiral evolutiva, en la cual est�n se�alados el �mbito y poder de acci�n de cada entidad conciente de acuerdo a sus caracter�sticas y a la suprema Voluntad divina. Por ello, la actitud correcta y humilde, el conocimiento y aceptaci�n de las leyes universales y el reconocimiento de nuestra propia ubicaci�n dentro de la manifestaci�n c�smica, han de ser la norma que rija las acciones que cada d�a ejecutamos en el cumplimiento de nuestra marcha con la VIDA. (1) Psicolog�a Esot�rica, Vol. II. A.A. Bailey. Fundaci�n Lucis, Buenos Aires, p. 33. (2) Exteriorizaci�n de la Jerarqu�a. A.A. Bailey. Fundaci�n Lucis, Buenos Aires, p. 217 Bibliograf�a recomendada. Exteriorizaci�n de la Jerarqu�a; Psicolog�a Esot�rica, Vol. I y II; Los Rayos y las Iniciaciones; Tratado sobre Fuego C�smico. A.A. Bailey. Fundaci�n Lucis,Buenos Aires. |
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